Estoy llorando por dentro debido al dolor que sintió mi ser hoy. No fue la primera ocasión que me sentí fuera de lugar contigo, pero sí aquellas que más me ha herido. Estuve a tu lado, justo junto a ti, y parecía que yo era un fantasma. Parecía que yo era tan solo un adorno más a tu lado; un perrito faldero que te acompaña pero sólo eso: un ser que no tiene posibilidad de hablar o ser tomado en cuenta.
Es bastante entendible que en otras veces esto hubiese pasado pero era porque te encontrabas haciendo otras cosas y no podías prestarme atención; pero hoy sentí un desprecio hacia mi persona. Charlabas con otros y yo sola, atrás de ti, esperando me dijeras una palabra, esperando que por lo menos me dijeras que no tenías tiempo. Sin embargo, esto no pasó. Tuve que ser yo quien de ti se separara y tu ni te inmutaste a pesar de que fui tan seria y seca como nunca lo soy contigo.
Me prometiste no cambiar por más que el tiempo pasara; que el cariño que había no se agotaría; que ni el tiempo ni la distancia harían una brecha entre nosotras. Ahora te pregunto: ¿qué pasó? Te conozco, cielo, y sé que dirás que es mi “habitual” paranoia y que soy yo quien ha cambiado. Mas, para tu desgracia, no soy la única que lo percibe; no soy la única que lo siente.
Hoy sentí la ruptura inminente, que un día alguien me pronosticó. Te dedico esta lágrima que está mojando el papel como símbolo del dolor que siento y como juramento de no volverte a buscar (de la manera que él me recomendó) y no volver a llorar por ti…
Pero nunca olvides que te amo y que durante mucho tiempo, tu lugar nadie lo habrá de ocupar… Gracias por el tiempo perfecto que pasé contigo; lástima que por tus acciones y por preferir, en muchas ocasiones, a otros (que verás no serán del todo buenos) quisiste terminar con lo que el tiempo y el destino querían seguir construyendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario