sábado, 5 de diciembre de 2009

El inicio del fin...

Estoy llorando por dentro debido al dolor que sintió mi ser hoy. No fue la primera ocasión que me sentí fuera de lugar contigo, pero sí aquellas que más me ha herido. Estuve a tu lado, justo junto a ti, y parecía que yo era un fantasma. Parecía que yo era tan solo un adorno más a tu lado; un perrito faldero que te acompaña pero sólo eso: un ser que no tiene posibilidad de hablar o ser tomado en cuenta.


Es bastante entendible que en otras veces esto hubiese pasado pero era porque te encontrabas haciendo otras cosas y no podías prestarme atención; pero hoy sentí un desprecio hacia mi persona. Charlabas con otros y yo sola, atrás de ti, esperando me dijeras una palabra, esperando que por lo menos me dijeras que no tenías tiempo. Sin embargo, esto no pasó. Tuve que ser yo quien de ti se separara y tu ni te inmutaste a pesar de que fui tan seria y seca como nunca lo soy contigo.


Me prometiste no cambiar por más que el tiempo pasara; que el cariño que había no se agotaría; que ni el tiempo ni la distancia harían una brecha entre nosotras. Ahora te pregunto: ¿qué pasó? Te conozco, cielo, y sé que dirás que es mi “habitual” paranoia y que soy yo quien ha cambiado. Mas, para tu desgracia, no soy la única que lo percibe; no soy la única que lo siente.


Hoy sentí la ruptura inminente, que un día alguien me pronosticó. Te dedico esta lágrima que está mojando el papel como símbolo del dolor que siento y como juramento de no volverte a buscar (de la manera que él me recomendó) y no volver a llorar por ti…


Pero nunca olvides que te amo y que durante mucho tiempo, tu lugar nadie lo habrá de ocupar… Gracias por el tiempo perfecto que pasé contigo; lástima que por tus acciones y por preferir, en muchas ocasiones, a otros (que verás no serán del todo buenos) quisiste terminar con lo que el tiempo y el destino querían seguir construyendo.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Historia de dos enamorados

Te conocí hace ya más de un año y aún recuerdo aquella obscura noche de nuestro primer encuentro. Yo estaba harta de todo y decidí sentarme en el tercer escalón del segundo piso. Allí, recargada sobre la pared, sollozaba mi desilusión cuando a lo lejos oía que alguien subía las escaleras. Yo no puse atención ya que me encontraba más sumergida en mí que en lo que pasaba a mi alrededor.


No supe cuando se dejaron de oír los pasos, pero sí cuando una voz desconocida me preguntó: “¿quién eres y qué haces aquí llorando? ¿Puedo ayudarte en algo?” Yo no respondí, pero mis ojos voltearon para conocer quién me hablaba y esa fue la primera vez que te vi. La primera ocasión en que nuestras miradas se encontraron. En ese instante, observé tus ojos sinceros y tu tierna sonrisa y con trabajo pude articular: “No te interesa quien soy ni que hago aquí.” Lo pronuncié intentando sonar sincera y segura, para que me dejaras sola, pero no lo logré. Te sentaste a mi lado y me insististe que te permitiera ayudarme. A partir de ese momento no supe a bien como pasaron las cosas, mas sé que lograste que mi llanto cesara y una ligera sonrisa en mis labios se esbozara.


De ese día en adelante, comenzó la historia más hermosa y tierna de mi vida. Durante la semana siguiente, me llamaste casi a diario y yo, lastimada aún, era un poco evasiva y me negaba a verte. Mas, otra vez, lograste un cambio en mí y al quinto día acepté salir contigo a tomar un café. Esa ocasión fue mágica y provocó que durante varios meses, cada martes y jueves, te viera en aquella cafetería del Centro que tanto te gustaba. En el café, cada plática llevaba a otra y esa a otra y así se iban las eternas horas en que lentamente te conocí.


Desconozco el momento preciso en que mi ser dejó de ser totalmente mío y se enamoró de ti; pero no puedo olvidar aquel tres de noviembre. ¿A caso alguien podría? Fuimos al Parque México a poder respirar “el aire puro” de la ciudad. Estábamos sentados en una banca, teniendo una de nuestras ya usuales pláticas. De momento, dejaste de hablar y te pusiste nervioso. Volteé a todos lados para ver si había alguien o algo que ocasionase eso en ti... Nada; no había nada que te pudiera ponerte nervioso. Con esa misma emoción me preguntaste: “¿Me quieres?” Debiste haber notado mi cara de desconcierto ya que comentaste: “No esperabas esa pregunta, ¿verdad?” “Para serte honesta, no; no me la esperaba” – te dije tiernamente – “pero sí te quiero. No sé como, no sé cuándo pasó, mucho penos por qué, pero sí. Te quiero y demasiado.” Volví a ver aquella sonrisa mágica que me hacía perderme en tu rostro y ya no pude articular la pregunta que deseaba hacerte. Es ese instante tomaste mis manos, nuestros ojos se miraban directamente, como aquella vez en las escaleras, y me dijiste: “¿Quieres saber si yo te quiero?” Ahora fue tu aliento quien me impidió hablar y únicamente moví la cabeza asintiendo. “No puedo creer que aún lo dudes. Te quiero desde que me permitiste conocerte. Haz creado días muy felices en mí.”


Después, te levantaste de esa banca sin soltar mis manos, lo que me obligó a levantarme a mí también. Te acercaste más a mí y en mi oído susurraste: “Quiero ser quien borre las huellas de tus heridas. Permíteme demostrarte que la vida no siempre es igual y mucho menos es un ciclo sin fin. Déjame poder escribir una nueva historia contigo.” Mi respuesta fue rozar tu cara con mis manos y recargarme en tu hombro. Interpretaste eso como un sí y me sujetaste de la cadera. Nuestros labios se juntaros y me alzaste de manera que el frío aire de la tarde de otoño rozó mi cuerpo.


Ese día aprendí que el amor sí existía. No importa cuantas veces nos han lastimado, en el momento correcto siempre llega la persona adecuada que nos restaura toda fe y borra las heridas


----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Espero les guste y quiero aclarar que esta historia realmente nunca pasó. Que simplemente fue dejar que el corazón se adueñara de la pluma y escribiera la historia de amor que quizá desearía que fuera la mia…

sábado, 22 de agosto de 2009

Soledad en compañía

Rodeada de gente siento mi soledad. En medio de mi grupo social es cuando más asilada me encuentro. Las lágrimas brotan dentro de mi ser porque no puedo expresarlo. Son lágrimas de sangre que brotan de mi alma.


Es en esta desolación cuando más te extraño; cuando añoro tu compañía y esas largas pláticas tan cómodas. Son con esas lágrimas que entiendo lo que tenía contigo y que el tiempo me arrebató. No acepto el haberte perdido aunque sé que a mi vera se encuentra tu espíritu. No puedo estar de acuerdo con esta distancia a pesar que el destino así lo quiera.


Desconoces las ganas que tengo de que estés conmigo y me abraces y seques estas lágrimas como tiempo atrás. Ignoras cuánto es que mi corazón quisiera regresar el tiempo y estar las dos presentes en nuestras realidades. Sé que nuestro hoy es feliz pero ambas extrañamos ese ayer hermoso que no podrá volver.


¿Sabes que eres mi motivo de fortaleza en esta debilidad? Sí, eres únicamente tú quien me da la fuerza para seguir intentando no sentir la lejanía de aquellos que se encuentran cerca. Gracias por saber estar presente en esta inevitable ausencia.


No me queda más que con esta última lágrima (porque sólo de pensar en ti he alcanzado la paz) darte las gracias por todo aquello que por mí haces y prometerte intentar ser para ti aquello que tu eres para mí.

lunes, 6 de julio de 2009

A ti que nunca lo podrás leer....

Así como de Aquiles su talón era su debilidad, el mío es el corazón y tú lo tocaste, tal véz sin darte cuénta; tal vez sin intención. No lo sé, es dificil saber algo contigo pues eres el misterio más grande de mi vida. Te acercaste, me abrazaste y me dijiste que por siempre estarías junto a mi... Que nunca te marcharías, que nunca me dejarías. Me lo prometiste aquella noche en el hospital. Yo te respondí, no sé como, pero lo hice y con eso sellamos el pacto.

¿Sabes que han pasado ya diecinueve años de ese pacto? Si, mi cielo. El tiempo pasa muy rápido. Pero pasa aún más rápido desde que rompiste tu promesa, sé que no es tu culpa pero pronto se cumplen 4 meses y aún no puedo creeerlo. ¿Cómo fue que pasó? Ese es otro misterio que nunca voy a poder aclarar, simplemente sé que pasó y te marchaste.

Al partir, me hiciste recordar todos esos momentos que pasamos juntas, que lloramos y reímos, que peleamos y dijimos cosas que no sentíamos. Así como aquellos en los que bromeabamos y me abrazabas y me decías que era tu pequeña y que estabas orgullosa de mí. Aquellas ocasiones en que juntas rezabamos y pedías al Creador que te dejara verme de quince años y que te dejara compartir ese día tan especial conmigo (que sé que él gustoso lo hizo para que constituyera uno de los días más felices de mi existencia).

Sin embargo, son esas ocasiones especiales las que me hacen pensar en ti. Tan solo 4 meses y me hubieras visto salir de la preparatoria, y me hubieras dicho: “Te quiero, hija. Sigue adelante.” Mas, no era ese el destino que Él nos tenía preparado. Él decidió que era el momento de que rompieras tu promesa porque me creía lo suficientemente fuerte. O talvés débil, pero quería enseñarme a ser fuerte sin ti...

Sabes... Pase lo que pase, te llevaré en mi corazón... Gracias por todos esos días y años a tu lado... ten por seguro que cada cosa que logre, es dedicada a tí... Siempre te amé (y amaré) y quisiera que me perdones las veces que dije lo contrario y las muchas otras que no lo demostré.

Sé que rompiste el pacto no por gusto, pero para mí es como si nunca lo rompieses pues cada día te siento a mi vera diciendo aquello que los demás no saben decir y aconsejándome como lo hiciste durante esos diecinueve años. Solo me resta decirte, ¡gracias!

sábado, 13 de junio de 2009

No es fácil decir hasta luego

Antier 11 de junio del año en curso, tuve que hacer una de las cosas más difíciles de mis últimos años. Tuve que despedirme de cinco personas grandiosas. Cinco personas que han sido mis ángeles, mi soporte, mis amigos, mis compañero, en fin... tantas cosas.

Quisiera agradecerles cada uno de los momentos increíbles que con ustedes pasé y que en el video se muestran, aunque sean solo alguno que se documentaron. Pero también están aquellos momentos que no tiene foto como por ejemplo: esas infinitas charlas en los pasillos, esos continuos ratos en los que jugamos cartas o aquellas pleitos que inevitablemente fortalecían nuestra amistad.

Hay tantas cosas que decir, pero tan pocas palabras para expresarlo. Es por ello que no me queda más que decirles que por siempre estarán en mi corazón y que deseo que nunca tomemos sendas totalmente separadas. Que tengamos la intención de conservar aquello que durante dos años y medio se fue formando y fortaleciendo. Esa es la causa de que hoy no les pueda decir adiós porque para mí sería como aceptar que nunca los volveré a ver. Mejor les digo un "hasta pronto" con la promesa inscrita de que seguiré junto a ustedes mientras ustedes y el destino me lo permita.

Que todo en su vida sea luz y bienestar... Karem, Jovany, Arcelia, Ramsés y Christian: ¡¡los amo!! y por siempre los llevaré en mi corazón. Siempre serán mis cinco pilares, pero sobre todo mis cinco hermanos. Que Dios me los bendiga! Hasta pronto....

P.D. ¡¡Prohibido llorar!! Aunque yo no he podido evitar llorar al momento de editarlo u_u....Son tantos sentimientos juntos que... Bueno ustedes me entienden...
.

sábado, 2 de mayo de 2009

Quisiera...

Quisiera tener las palabras para crearte una oda y gritarle al mundo cuán perfecto eres. Desearía poder alzar mi voz mas allá de esta cuidad para que el mundo conozca tus virtudes y la pureza de tu corazón.

Sin embargo, sólo tengo esta pequeña voz cuya potencia no sobrepasa mi alrededor. Poseo, únicamente palabras para describir lo terrenal con lo que no puedo describir tu alma angelical.

Solamente me queda gritarte con el corazón que adoro la belleza de tu ser y tu espíritu. Que me fascina la pasión y sentimiento que descubro en tus palabras; pero sobre todo me encantan todos esos momentos que juntos compartimos y quisiera que nunca acabaran.

martes, 7 de abril de 2009

Verso para alguien muy especial

Luna, compañera de todas mis noches

Escucha mientras de él te cuento

Otórgame, por favor, que a través de ti

Nunca olvide que en soledad de él te hablo

Alúmbrale esas noches de desolación

Recuérdale con tu brillo cuánto le quiero

Durante las noches, vela su sueño

Ominipresente lucero, sólo cuídalo mientras yo no puedo